España es hoy una realidad envasada al vacío. Las potencialidades del país se conservan intactas, sin aire, aprisionadas, a la espera de que algo ocurra.
La celebración del 12 de Octubre, fiesta nacional, fue ayer fiel espejo de la plastificación política y de su inquietante suma de debilidades: el presidente del Gobierno fue abucheado como nunca durante el desfile militar en el paseo de la Castellana de Madrid, y el líder de la oposición se convirtió en el centro de todas las miradas en la posterior recepción en el Palacio Real. El Partido Popular tiene hoy una cita con los servicios de limpieza. Gran telón de fondo de la jornada: el peligroso desfiladero de Afganistán.