En el octavo aniversario de la intervención de la comunidad internacional en Afganistán, el presidente norteamericano, Barack Obama, se encuentra con un país polarizado por el medio plazo de la guerra.
La escalada de la violencia talibán y el consecuente aumento de las bajas ha inclinado a la opinión pública estadounidense en contra del conflicto bélico. El frente más crítico se concentra, a su vez y como ha ocurrido en otras ocasiones, en el seno de su partido.
En la última encuesta publicada por el «Pew Center Research» el 22 de septiembre, un 56% de los demócratas se declara partidario de una retirada de las tropas norteamericanas del avispero afgano; mientras que entre los republicanos este porcentaje se reduce a un 25%. El presidente estadounidense, consciente de esta colisión de pareceres, convocó ayer una reunión mixta de legisladores.
La división, sin embargo, no restringe a un ámbito partidista y de opinión pública, sino que contamina también a la propia Administración.