En Estados Unidos existen pocas cosas tan sagradas como el contrato. Y repudiarlo es algo similar a una herejía. "Es un tipo de obligación que llevamos impresa en nuestro ADN". Pero Andrew Ross, profesor de sociología en la New York University, lleva incitando a ese sacrilegio desde que en octubre decidió dar una charla en el contexto del movimiento Ocupa Wall Street titulada ¿La deuda universitaria es un contrato? En el atrio del Deutsche Bank en Wall Street, Ross detalló la gravedad de la deuda universitaria estadounidense, que supera el billón de dólares (786.163.522 euros), los cálculos que vaticinan que uno de cada cinco estudiantes será perseguido por impago -en 2005 se les prohibió declararse en quiebra-, dejó claro que el sistema de préstamos a estudiantes es un negocio suculento para las instituciones financieras que se convierte en una trampa mortal para los jóvenes en tiempos de crisis e incitó a los estudiantes a hacer algo.