Estados Unidos recordó ayer, tras la muerte de Kim Jong-il, que "mantiene su compromiso con la estabilidad de la península de Corea y con la libertad y la seguridad de sus aliados", una alusión a que la Administración norteamericana responderá a cualquier intento de aprovechar el posible vacío de poder en Corea del Norte para agredir a Corea del Sur o Japón.