La de Afganistán es, en palabras de Barack Obama, una «guerra de necesidad».
Pero para el presidente estadounidense, cómo librarla es también un examen a su liderazgo, su determinación y sus habilidades como comandante en jefe.
Por segunda vez en los ocho meses y medio que lleva en la Casa Blanca, Obama está inmerso en una revisión de la estrategia para ese conflicto. Y si la primera la resolvió con un incremento de 21.000 soldados y un relevo en el mando militar, esta segunda se eterniza por los problemas desatados durante las elecciones presidenciales afganas y el incremento de la violencia y por la intensa lucha partidista en Washington.