En su primer actuación para ofrecer consuelo público ante una tragedia nacional, el presidente Barack Obama participó ayer en los elaborados funerales celebrados en honor de los trece militares asesinados la semana pasada en la base tejana de Fort Hood.
Obligaciones de luto oficial complicadas por los dolorosos indicios de que el FBI desaprovechó oportunidades a la hora de impedir la masacre perpetrada por el comandante Nidal Malik Hasan.