Los servicios de información de la policía y la Guardia Civil se quedaron literalmente de piedra el pasado martes.
Ese día, el Departamento de Estado norteamericano y el FBI anunciaron una recompensa de 5 millones de dólares por la captura de uno de los terroristas islámicos más buscados del mundo, Husayn Muhammed al-Umari, Abu Ibrahim, un veterano activista de 73 años de origen palestino, al que la inteligencia estadounidense le sigue los pasos desde hace décadas por el atentado en 1982 contra un vuelo de la compañía Pan Am. Hasta ahí, todo normal: uno de los habituales avisos desde Washington con una jugosa suma para incentivar los «chivatazos».